dimarts, 31 de març de 2015

ENTREVISTA DIARIO MENORCA



-En primer lugar quisiera conocerla un poco. ¿Nos podría resumir su trayectoria? ¿Cuándo decide hacerse monja, por qué marcha de Menorca, cuándo la ordenan, donde está ahora, por donde ha pasado?

Me llamo Anna Seguí Martín, soy de Ferreries. Dejé Menorca en septiembre de 1978, no me fui, huí, así de claro, debido a una ruptura con mi pareja. Una experiencia de convivencia amorosamente placentera, pero que con el tiempo entendí que no era mi camino, y abandoné aquel hombre que tanto amaba. Emprendí una búsqueda de lo que mi corazón anhelaba, pero que no sabía muy bien qué era, ni dónde estaba. Permanecí por un tiempo en una comunidad monástica, el Mas Blanc, allí, a golpes de oración, intentaba calmar el dolor de mi afectividad herida, a la vez que ponía mi mirada en Jesús, para encontrar en Él, la respuesta a la inquietud de lo que realmente Dios quería para mí. Después de una experiencia de soledad y silencio en el Pirineo, donde también estuve durante un año, sentí que Dios me pedía, como Abraham, salir a la aventura de la tierra que Él me quería dar. Plenamente abandonada en las manos de Dios, cogiendo la mochila y haciendo autostop, desde Barcelona emprendí un viaje incierto. Me recogió un camionero que iba a Andalucía, y me dejó justo en Puçol, Valencia. Vine al convento de las Carmelitas Descalzas pidiendo acogida, y después de una experiencia de tres meses de convivencia con la comunidad, me quise quedar para siempre, y aquí estoy, hará 34 años.
Lo que me dices de la ordenación, tengo que decirte que, en la Iglesia, las mujeres todavía no podemos ser ordenadas, la ordenación es para los sacerdotes y, lamentablemente, esto se reserva sólo para los varones, una manera más de perder valores. Dejémoslo. Nosotras lo que hacemos es la Profesión Religiosa, que tuvo lugar el 5 de mayo de 1985, y la Profesión Solemne definitiva en 1989.
Ha sido una larga experiencia, muy rica, también de mucha purificación interior personal. Hoy me siento una mujer feliz, estoy agradecida a Dios por el don de la vocación recibida, es una gracia inmensa que hay que trabajar a lo largo de la vida, y siempre es Dios quien lo hace posible.

-Sobre Las charlas que acaba de hacer en Menorca, ¿nos podría explicar el objetivo?

La Parroquia me ha llamado con motivo del V Centenario del nacimiento de S. Teresa, para dar unas charlas sobre la figura de esta gran mujer, que es la fundadora de mi Orden de Carmelitas Descalzas. El objetivo era dar a conocer su personalidad, su obra y su espiritualidad. La temática fue: "Perfil biográfico"; "La mirada de Teresa a Jesús"; "La oración transformadora del ser y hacer". Ha sido todo un reto que he intentado hacer con responsabilidad.


-Usted es buena conocedora de Santa Teresa. ¿Podría explicar quién fue? ¿Cómo fue su vida y trayectoria? ¿Qué cambios propició en la Iglesia?

Teresa de Jesús nació en la España del siglo XVI, en Ávila, el 28 de marzo de 1515. Provenía de familia acomodada, era la tercera de diez hermanos, añadiendo dos más de un primer matrimonio de su padre. Fue una mujer de una personalidad riquísima, inteligente y apasionada, gran buscadora de la verdad. Su camino de conversión fue largo, se resistía, finalmente, poniendo la mirada en Jesús, y cansada de sí misma, se dejó seducir por Él. Determinó entrar en el convento de la Encarnación, donde vivió hasta 1562, año en que fundó el primer monasterio de Carmelitas Descalzas. La gran aportación de Teresa a la Iglesia y a la humanidad fue su experiencia espiritual de oración como relación de amistad amorosa con Jesús, la seguridad de la presencia de Cristo dentro de ella, lo dice así: “Que no se otra cosa oración mental, a mí parecer, sino tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama”; y la vida comunitaria como relación fraterna y de amistad, un lugar donde las hermanas, como dice ella: “Aquí todas han de ser amigas, todas se han de amar, todas se han de querer, todas se han de ayudar”. La empresa fundadora fue todo un desafío en la sociedad de su tiempo, donde la mujer era un ser relegado a las tareas del hogar y parir hijos. Tuvo que luchar contra las tormentas provocadas por razonamientos raquíticos de prelados que la querían relegar a las tareas domésticas y rezos orales. Teresa, robusta como las piedras de Castilla apuesta por la libertad, y confiada en sólo Dios produce un legado que será joya espiritual para la posteridad.

-También Sería interesante destacar la importancia de sus escritos, si tienen vigencia a día de hoy.

Los escritos son una gran riqueza de la espiritualidad cristiana. Su libro de La Vida, fue llevado a la Inquisición. Sin embargo, el Inquisidor Mayor Quiroga tuvo que reconocer que “es doctrina muy segura, verdadera y muy provechosa”. La gran aportación que hacen los libros es que surgen de un espíritu transformado por Cristo, y a Él nos remiten, nos alientan a una vida para el Evangelio, a una seguridad y libertad interior de que somos hijos amados de Dios y no esclavos de nada ni de nadie. Dice Teresa: “Libres quiere Dios a sus esposas, asidas a solo Él”.
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-¿Cómo condicionaron en Santa Teresa las apariciones que tuvo? ¿Cómo la cambiaron?

Este hecho místico que Teresa experimentó le supuso gozo y sufrimiento a la vez, porque no la creían. Dejemos que lo diga ella misma: “Casi siempre se me representaba el Señor así resucitado, y en la Hostia lo mismo, si no eran algunas veces para esforzarme, si estaba en tribulación, que me mostraba las llagas; algunas veces en la cruz y en el Huerto; y con la corona de espinas, pocas; y llevando la cruz también algunas veces, para -como digo necesidades mías y de otras personas, mas siempre la carne glorificada. Hartas afrentas y trabajos he pasado en decirlo, y hartos temores y hartas persecuciones. Tan cierto les parecía que tenía demonio, que me querían conjurar algunas personas. De esto poco se me daba a mí: más sentía cuando veía yo que temían los confesores de confesarme, o cuando sabía les decían algo. Con todo, jamás me podía pesar de haber visto estas visiones celestiales, y por todos los bienes y deleites del mundo sola una vez no lo trocara. Siempre lo tenía por gran merced del Señor, y me parece un grandísimo tesoro, y el mismo Señor me aseguraba muchas veces. Yo me veía crecer en amarle muy mucho; íbame a quejar a El de todos estos trabajos; siempre salía consolada de la oración y con nuevas fuerzas. A ellos no los osaba yo contradecir, porque veía era todo peor, que les parecía poca humildad”.

-¿Cómo Puede ayudar Santa Teresa en un mundo en el que se busca llenar el vacío espiritual?

En primer lugar, ella nos ayuda a sabernos amados por Dios, este es el descubrimiento esencial de la vida interior de Teresa. Y también, tomando conciencia del valor de nuestro ser personal, de la plenitud a la que estamos llamados a vivir, que no estamos vacíos por dentro, que Dios nos quiere felices en el amor, en la entrega a los demás, a ser constructores de justicia, alegría y paz, haciendo un mundo más humanamente vivible para todos.

-Seguramente podrá aportar otros temas que no he pedido. Le agradeceré que añada los que considere oportunos.

Sencillamente, animar a todos a vivir como dice Teresa: “dispuestos y determinados para todo bien”, y “ver que es posible en este destierro comunicarse un tan gran Dios”. Esto es lo que quiero hacer llegar a mis queridos menorquines.

Muchas gracias por todo (Diario Menorca, 25 – 3 – 2015)

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