divendres, 7 de juny de 2013

TONI CARRERAS

Las manos de María Chacha son suaves como un papel de calcar.Las mueve deprisa para seleccionar los capullos más grandes y con delicadeza para desenvainar
perlas doradas: uvillas semimaduras. María es la mano derecha de la ingeniera
responsable del centro de acopio de uvillas, enclavado en el valle de Machachi,en las estribaciones del Cotopaxi (con sus 5 943 metros es el volcán activo más alto del mundo). La mujer, de 28años, se ocupa de organizar el trabajo de las mujeres que laboran en  Tankay, en la hacienda Puichig, una empresa social vinculada a Cáritas Ecuador, que
desde el 2010 gestiona 35 hectáreas de la Arquidiócesis de Quito para producir uvilla con calidad de exportación. La elección de la uvilla para el proyecto tiene dos motivaciones: por un lado, es un fruto originario de los Andes, adaptado al entorno y con importantes
propiedades nutritivas; y, por otro, su cultivo es intensivo en mano de obra: Tankay crea oportunidades de trabajo. Cuarenta y cinco personas laboran en el proceso de siembra, cosecha, clasificación y empaque, para lograr seis toneladas de producción semanal. En
la mayoría de procesos hay mujeres, como María Paca, originaria de Palmira, en la provincia de Cotopaxi. La joven es soltera, de 23 años, y vive cerca de Machachi con su hermana, quien también labora en la hacienda. A diferencia de ellas, María Chacha vive
cerca de la hacienda. Cada jornada prepara a su hijo mayor, de 12 años, para llevarlo al Colegio Técnico Agropecuario Genoveva German, que también se encuentra en la hacienda Puichig. El menor, de dos años y con síndrome de Down, lo acompaña en ocasiones pero la mayoría de días va a la guardería. Él participa en un programa de estimulación temprana impulsado por la Cruz Roja Ecuatoriana. María Chacha destaca de su trabajo, luego de tres años en el proyecto, que “me siento valorada y respetada por mis jefes”; y que se ve a sí misma progresando: “Mi papel en la empresa es importante”.
Las trabajadoras de Tankay son la razón de ser de la empresa. Para Cáritas, no se trata solo de obtener un buen producto y de encontrar un mercado. En Tankay se busca dar oportunidades de trabajo digno a mujeres que luchan día a día para sostener sus hogares.
“Con nuestro salario ayudamos económicamente a nuestros papás”, refiere María Paca. Ella y su hermana son una muestra de la inmigración indígena al valle de Machachi. Sus padres aún viven en su comunidad natal. María Paca, creyente, comprometida y alegre, forma parte del equipo que cuida que las matas de uvilla se desarrollen en la plantación.
Entre el ‘ejército’ de jornaleras se destaca el trabajo en equipo, los espacios culturales de desarrollo y el aprendizaje integral. Cada una de las mujeres es vital, desde las recolectoras de frutos (cada uvilla tiene un peso de entre 8 y 12 gramos) que cosechan individualmente y de forma manual, llenando cestos plásticos entre las hileras de la plantación, hasta las separadoras de frutos como María Chacha, quien mantiene sola a sus dos hijos, o las empacadoras, que vestidas de blanco certifican la calidad de la cosecha.


TONI CARRERAS

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